Sentí la necesidad imperiosa de moverme hacia la Gran Manzana, como una especie de conexión cósmica que me decía en el oído: "Este es tu lugar en el mundo".
Me pregunto ahora: ¿Tenemos un lugar en el mundo?. ¿Es el mismo en el que nacimos? y si nunca te sentiste cómodo en él, sales a buscar un lugar, pues eso hice.
Me pregunto ahora: ¿Tenemos un lugar en el mundo?. ¿Es el mismo en el que nacimos? y si nunca te sentiste cómodo en él, sales a buscar un lugar, pues eso hice.
Y sí, Nueva York es una ciudad I N C R E I B L E. pero la conexión se me empezó a diluir, y comencé a sentirme cada vez más pequeño, muy lejos, en una gran ciudad que se impone por sobre el individuo.
Una ciudad que se impuso por sobre mí misme.
Una ciudad que se impuso por sobre mí misme.
EXT. Union Square: 17.00 horas
Camino a la plaza cerca de mi departamento, como todas las tardes, desde hace un par de meses, para tomar aire fresco, ya que en verano, el calor en esta ciudad puede ser sofocante y pese a tener aire acondicionado, lo pequeño del espacio termina por sofocarme aún más.
Vivo en la Avenida 14, entre la 1 avenida y la Segunda, han estado reparando la calles desde que llegué, el sonido siempre es desagradable. Paso por el Trader' Joe a comprar algún jugo orgánico para seguir la ruta.
Llegó a Union Square.
Me siento en la banca, se instala un chico a cantar, se llama Baptiste, adivino que es Francés, delgado, rubio, entonando covers en inglés, de canciones que todos hemos oído, más de alguna vez. Reconozco algo de Rihanna y tarareo al unísono, mientras pienso que me encanta el acento de los franceses cuando hablan inglés.
Deja la caja de la guitarra abierta para que la gente tire unos cuantos dólares después de oírlo.
Le sonrío, me sonríe de vuelta, me parece ameno, me siento en el paraíso.
Luego aparece de la nada un hombre alto, negro, dos veces el tamaño del cantante, directo al estuche de Baptiste, le quita todo el dinero que ganó hasta ahora.
Nadie hace nada.
Lo miro, me mira con cara triste, me acercó a depositar en su caja, el poco cash que tenía en mi bolsillo.
Recoge sus cosas y se va.
Vivo en la Avenida 14, entre la 1 avenida y la Segunda, han estado reparando la calles desde que llegué, el sonido siempre es desagradable. Paso por el Trader' Joe a comprar algún jugo orgánico para seguir la ruta.
Llegó a Union Square.
Me siento en la banca, se instala un chico a cantar, se llama Baptiste, adivino que es Francés, delgado, rubio, entonando covers en inglés, de canciones que todos hemos oído, más de alguna vez. Reconozco algo de Rihanna y tarareo al unísono, mientras pienso que me encanta el acento de los franceses cuando hablan inglés.
Deja la caja de la guitarra abierta para que la gente tire unos cuantos dólares después de oírlo.
Le sonrío, me sonríe de vuelta, me parece ameno, me siento en el paraíso.
Luego aparece de la nada un hombre alto, negro, dos veces el tamaño del cantante, directo al estuche de Baptiste, le quita todo el dinero que ganó hasta ahora.
Nadie hace nada.
Lo miro, me mira con cara triste, me acercó a depositar en su caja, el poco cash que tenía en mi bolsillo.
Recoge sus cosas y se va.
Al otro lado del parque, veo una chica guapa, de espaldas, bailando sola, me hace sentir alegre, la observo, al rato comienza a llorar, segundos más tarde se ríe a carcajadas, habla sola, sigue bailando, mientras una pareja de junkies discute sobre dónde pasaran la noche, ya que gastaron todo lo que tenían en la fiesta de anoche.
Ese también es el espíritu de esta ciudad. A nadie le importas un pepino.
"Es que acá hay que tener carácter". Me dijo alguien.
Pues bien, tal vez no tengo el carácter necesario, tal vez sólo idealizaba, por una sobre- exposición de años a la serie Sex and the City, lo cierto es que no hay "Carries" caminando en sus Manolos, tampoco hay MR Bigs, que te salven de algún imprevisto. Sólo estoy yo, en una pieza microscópica en Manhattan, sintiéndome desconectado.
Pero HEY!!! Alégrate mucha gente moriría por estar en tu lugar, incluso con la rata pequeña que acaba de escabullirse por las paredes.
Pero HEY!!! Alégrate mucha gente moriría por estar en tu lugar, incluso con la rata pequeña que acaba de escabullirse por las paredes.
